La gente comprará hoy por la tarde lupas para agrandar la imagen del televisor. La saliva les correrá colmillos abajo, sedientos de carne poco hecha.

En la lista de la compra: hamburguesas y bolsas familiares de patatas fritas. Coke. Marlboros Light. Las aviesas miradas de las cajeras se cruzarán con los guiños de las amas de casa. Avizoran la felicidad por hora y media y eso les confiere seguridad. La dignidad la perdieron a eso de las cinco pero, como la almacenan en los congelados, no se preocupan. Lo que les espera es mejor que el sexo arrugado que dan a horcajadas sus grasientos maridos, bufando por la prisa y la tragedia de los cuerpos.

Ellos sonríen entre sí y sueñan alguna fantasía erótica relacionada con la niña rubia y los espacios oscuros.
Algunos habrá que compren queso fino de hierbas para untar delicadamente mientras la pobre ingenua va rezando su rosario. Bagels con caviar dulce y pollo con piñones, atacados por niños atroces vestidos de Primera Comunión.

La masa se convierte en hiena: el tabaco liado no es diferente del que se fuma en pipa; la media rota de la prostituta se parece al culotte en seda rosa de Mrs. Henderson; los modales de college del joven Martin beben de la misma fuente que el sudor axilar de Joseph.
Y todos, con la excepción de algún pensador de Rodin que llore mientras tanto, se comerán las entrañas de Natasha esperando los detalles de aquella vez en que las vísceras del raptor violaron la carne dulce y rosada de ella.
Mientras los buitres organizan el festín, la niña rubia no los mira. Alguien la maquilla para que no tenga brillos. No se da cuenta de que cuando los carroñeros se acercan por la espalda, uno ya está muerto.

La joven austríaca Natascha Kampusch, de diez años, fue raptada el 2 de mayo de 1998, cuando salía del colegio, por un técnico de electrónica llamado Wolfgang Priklopil. Éste la tuvo retenida durante ocho años en un zulo excavado en su casa, situada muy cerca de donde vivía la pequeña. Tras una búsqueda infructuosa por parte de sus padres y la Policía, Natascha consiguió escapar de su captor el pasado mes de agosto. La joven se encontraba en buen estado de salud y está siendo atendida por psicólogos especializados. Priklopil se suicidió al conocer la noticia.Bastan diez asépticas líneas para conocer una historia que no debería repetirse. Una historia que nos obligaría a mudar la cara hacia el horror. Y punto.
Sin embargo, la revista News ha sacado una jugosa entrevista, concedida por la propia Natascha Kampusch, informando (¿) acerca de los detalles del macabro suceso.
Asimismo, la cadena de televisión ORF está transmitiendo una entrevista grabada en la que la joven se somete a un cuestionario de preguntas sobre su cautiverio. Unas 80 televisiones de todo el mundo se han interesado por la posibilidad de captar la señal de la ORF. ¿Quiénes son los carroñeros: ellos o nosotros? Ad calendas graecas.

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