Una mujer morena
resuelta en lunas
se derramaba hilo a hilo
sobre la cuna

Miguel Hernández (Nanas de la cebolla)

Duerme mi niño hermoso en su canasto.
Ea, mi nene, ea, duérmete pronto, que ya vienen las bombas, muda tu rostro.
Mira a la madre pobre.
Con ojitos de almendra y de azabaches, moreno de mis carnes, como su padre.
Caballitos de feria sobre la frente, pañales de hojarasca bajo su vientre.
El pelo del chiquillo caracolea. Canciones de guerra, milicianos al frente, Puente de los franceses, qué bien defienden.

Huele mi niño lindo a cocina y carbón, a laurel y a comino, tomillos y estragón.
Bebé de los fogones,
carita de sarmiento, mamando de mis hambres siento tu aliento.
De mi pecho reseco y asustadizo, mi niño come llagas,
y se linchan las carnes en el abrazo, se turban mis pezones de tanto amarlo.

Pa el de mis entrañas, mantillas de bautismo y cascabeles de oro, naranjas, limonares, muñecos de cartón. Claveles y rosales guardan su cama, del color de la sangre, color de grana.
Que se acaben los fríos de marejadas, lunas negras de duelo llorando en plata.
Infante que suda fiebres en los pajares, sin sedas de gusanos ni nanas dulces. Cobijas renegridas de tanto usarlas tapan a mi niño hermoso. ¡Se parte el alma! Que mi hijo ya muere cuando atraviesa el corcel negro nuestra calleja. Se romperá el caballo y la voz del primogénito, mecido por mis brazos, rotos de duelos.

Que estos dedos te cogieron, al rayar tu primer alba. Y estos dedos velarán tus largas noches sagradas

Brrrrrrrrrrrr, brrrrrrrr, brrrrrr, brrrrrrr (El niño sonríe y mira tiovivos)
Boooommmmmmmmmmm, Boooommmmm, Boommmmmmmm (El niño contempla a la madre, que grita)
Pfiuuuuuuuuuuuu, Pfiuuuuuuuuuuuu, Pfiuuuuuuuuu. (El niño abre los brazos, casi complacido)

(En la casa ya no huele a cocina ni carbón, ni a trigo, ni a laurel, ni a comino, ni a estragón)

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