María duerme en el maletero de un coche desvencijado que atraviesa la frontera.
Ella se muerde las uñas por el nerviosismo, hay miedo a la migra y a quién sea la migra. La migra puede comerciar con la coca, el hachís, ciertos tabacos buenos y con las pieles negritas de las ingenuas.
María cierra los ojos y sueña. Sueña con ser lo que tantos somos.
Los que somos, también soñamos. Claro, que nos responde la blanda almohada, el libro de Freud, la tisana de hierbas. Non ti preocupare.
Soñamos con ser como otros. Perdón, me equivoqué. Con tener lo que otros.
Y los otros…¿Con qué sueñan los hombres más ricos?
Deben soñar con jugar a ser Dios…
Y aquí viene la cuestión aterradora:
Dios es insomne y anda cuidando de María (me dicen los creyentes)
Pero…¿¿¿¿Y si Dios también anda soñando????

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