Le desconcertaban las interminables tardes de los domingos y la gente que no la miraba a los ojos cuando le hablaba.
Le desconcertaba el hecho de que, cuando contaba pétalos de margaritas, éstas siempre decían sí.
Le desconcertaba la cantidad de amantes que había perdido y a los que no añoraba.
No se habían cumplido ninguno de sus sueños. Le desconcertaba esa buena suerte que tenía.
Le desconcertaba que siempre que quería un taxi, apareciera uno. Y que hubiera nacido en enero.
Le desconcertaba que alguien pudiera intuir sus complicados pensamientos de espiral, bibliotecas de Babel borgianas de privado acceso restringido. Le desconcertaba por qué dos seres -de repente- se amaban.
Le desconcertaba leer a Kafka por las noches y Vogue por las mañanas.
Su corazón latía rápido, su pulso se mantenía constante, sus células seguían alimentándose por la noche, cuando ella descansaba la neurona de la ansiedad.¿Quién dirigía su cuerpo? Eso también la desconcertaba.
Le desconcertaba el olor a nata y cariño de su padre, que el Correcaminos siempre se burlara del Coyote; le desconcertaba el perfume a romero y luna de su ciudad.
Le desconcertaba que su sexualidad se despertara cuando unas manos masculinas agarraban el volante de un coche. Manos para vivir en su cuerpo. Manos bronceadas en su cuerpo color aceituna.
Le desconcertaba el tiempo. ¿Quién lo poseía? ¿Los hombrecillos grises de Momo? ¿Swatch Colecciσn Primavera-Verano? ¿Por qué es lógico vivir de día y dormir de noche? Le desconcertaba que su única luz fuera el neón de los bares de copas. Le desconcertaba su atracción por los sacos de boxeo y el hecho constatable de tener en sus ovarios partes de sus futuros hijos.
Le desconcertaban los desnudos de Lucien Freud, los cereales que naufragaban y se humedecían en la leche mañanera y el no recordar el agua de colonia de su última conquista.
Aquel tacto rugoso, las venas azuladas de sus abuelas…¿Cómo podía recordarlo? Se desconcertaba cuando casi las tocaba en su memoria.
Dar dos besos a desconocidos y la cantidad de gente que se habría emocionado, antes que ella, con la peli típica-tópica de Casablanca, le desconcertaba. Más le desconcertaba la gente que no se emocionaría.
Le desconcertaba el hecho de que ninguno de los siete enanitos se propasó con Blancanieves y el que las prostitutas siempre estuvieran en una esquina. La infinitud de sus propios desconciertos desconcertaba, aún más, su delicada mente, desequilibraba sus pilares.
Le desconcertaba que la tarta de cumpleaños sólo tuviera tres tímidas velitas compradas aprisa en Carrefour…¿Deberνa poner veintiocho velas? Su único deseo cuando las sopló: seguir siendo una tipa completamente desconcertada.
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