Córdoba, hace mil años (2004??)

Recostada en la parte posterior del coche, veo el trozo de cielo color azul-Navidad. Como si el cielo tuviera la misma cara en todas las épocas del año. Arriba, añil; abajo, la tierra es verde por culpa de los trigos de tres meses, oleaje va y viene.
Ya no quepo en la parte posterior del coche: con los años me hice grande. El cielo sigue, sin embargo, imperturbable (adjetivo humano a objeto divino…es una mala costumbre eso de personificar lo que me gusta)

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Cuando la nariz tirita de frío en la noches de Diciembre y las manos no se atreven a salir de debajo de las antiguas mantas…me cubren las manos perdidas del Diadumenos de Policleto. Creen los estudiosos del Arte que se hayan perdidas, atando una cinta inexistente en algún lugar por el que pasaron encima los siglos. Pues no. Sus manos marmóreas se vuelven carne y ese hombre magnífico me cobija y me hace morisquetas en la nariz hasta que se pone roja de vergüenza.

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El invierno trajo un mundo nuevo. Además del real, el inconsciente creó un lugar en el que vivo por las noches, nada más cerrar el ojo de la ansiedad. Es un pueblo mediterráneo, de apartahoteles blancos donde yo soy sujeto pasivo de los aconteceres. Soy feliz en ese mundo. Sólo conservo el mismo cuerpo que en la realidad, con la diferencia de que mi piel es tan morena que parezco un mantecado de chocolate. Las playas de mis sueños están llenas de pin´ups de los 40 y de hermosos muchachos de los 50. Los muchachos ríen todo el día y visten polos de vistosas rayas. Hay algo en ellos de los grandes rostros: Rock Hudson, Robert Mitchum, Robert Taylor, Alan Alda, Monty Clift, Glenn Ford, Clark Gable…Bonitas faces de perlados dientes y cuerpos parecidos al de mi Diadumenos. No mencioné a James Dean o a Cary Grant. Nunca me gustaron. Quiero que aparezca algún Bogart, pero parece que mi sueño tiene un criterio riguroso para la edad. Quizá mi sueño sea anti-tabaco. Lástima.

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pareces. lo. ¿Te vestiste con la gabardina, te pusiste la bufanda, cogiste las gafas negras y los Ducados para hacer un gran reportaje de investigación?. no. ya. Me imagino. Las parte más íntima del físico femenino expuesta en los carteles de los toros…Hasta las corridas de la Beneficencia no son ya lo mismo ahora que los cortesanitos piden vástago real. A ver si ahora hay que cantarle a la asturiana aquello que aparecía en los pasquines de finales del XVII, acerca de la infertilidad de la primera esposa del Hechizado Carlos II:
Parid, bella flor de lis
Que, en ocasión tan extraña,
si parís, parís a España;
si no parís, a París.
Qué triste deber ser que miren con espéculos tu vagina varios millones de ojos. Por muy real que sea.

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Dice José Antonio Marina es su último libro que ahora ya no existe eso de las diversas inteligencias, ni siquiera la emocional. Todo se reduce a una mezcla de la cognitiva y la afectiva. Tantos años intentando reducir mi alto nivel de hipersensibilidad para que ahora digan que no existe. Yo suponía que si lograba dominar la sensibilidad (que no sensiblería) desbocada, me haría más madura. Veo que no. Me siguen emocionando Piolín y Silvestre. Ayer me tragué el capítulo entero de los Looney Tunes mientras desayunaba.

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Has vuelto a casa. La zambomba más alegre. Un Fin de Año sin ti y sin el frío de la sierra ya no tienen sentido. Aprenderás inglés con esa beca, pero, mientras tanto, yo aprendo a vivir la soledad obligada. He echado mucho de menos todo lo tuyo, todo lo que das, todo lo que desprendes. He recordado muchos de los momentos que pasamos juntas. Las noches en la playa muriéndonos de frío; las locuras de Astronomía; el comernos la tarta de San Marcos; las siestas en el césped de la Fábrica de Tabacos; las risas incontrolables calle Alemanes arriba, los bailes por alegrías en tu castillo; el fingirnos gitanas aquel Carnaval…Estoy deseando verte. Te he comprado el último de García Márquez (que tanto nos gusta) para la colección común que estás paseando por medio mundo. Y también mucho incienso para que perfumes a los gentleman. Aunque, amiga, para perfumarse de ti basta con abrazarte. Qué ganas.

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Lo que es la Fortuna. Te presentaste, extraño y forastero, a mediados de junio y desde entonces, un hilito cruza el Atlántico en dos direcciones. No sé si me enamoré de ti o si fuiste lo más cercano a un amor que he vivido, por muy fuera de lugar que estuviera todo. Tú aspiras aires húmedos y yo secos; tú te vuelves loco de repente y yo lo programo en la agenda (locura de 3 a 5, miércoles de la próxima semana); me haces cantarte coplas y boleros y hablarte en un Spanglish tan raro como nuestras conversaciones. Llevo meses desaparecida y ahora pretendo volver…Ayer, paseando entre las miles de bombillitas del Bulevar, me dio un pálpito y, de repente, pensé en ti. Y supe que me estabas pensando. A veces no sé si estoy en la Tierra, pero tú me haces vivir. Me recuerdas y me inventas.

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Con iglesias como ésta, una no tiene más remedio que ser espiritual. Una copia barroca de Il Gesú de Roma en plena campiña andaluza. Viviendo aquí nunca dejaré de sorprenderme. Rezan el Magnificat y vuelas. Qué gozo cuando llegas a otros mundos, envolventes, dulces, acogedores…O qué malo cuando la vida misma te introduce en simas de tristeza. Ella te obliga a participar de su propia existencia cada mañana. De perogrullada, pero la vida se muere si no la vivimos. Por eso, Carpe Diem…digo…Carpe noctem.

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Desde chica tuve la certeza inamovible de que er Niño Dió había nacido en un pueblo de la campiña y no en el Israel de los profetas, que eso quedaba muy lejos y de allí sólo venían noticias de señores que se tiraban bombas con las que las palestinas no podían hacerse tirabuzones como las gaditanas, aunque igual de fanfarrones eran los israelíes que los gabachos. La deducción a tanta lógica infantil era que Jesusito de mi vida tú eres niño como yo había visto la luz en un lugar cercano al pueblo donde pasábamos las Navidades. Seguramente, el pesebre estaba sobre un montecillo, que se torna verde por estas fechas, y al que riega un arroyuelo que los árabes bautizaron como Abentojil.

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Lo mejor de la Navidad: la sobremesa del día de Nochebuena. Isabel trae la caja blanca al centro de la mesa y se abre el mundo de la gloria: alfajores de almendra, piñonates, deliciosas, huesitos de santo, almendrados, torrijitas de leche, garrapiñadas, peladillas, mazapanes, mantecados de limón, de chocolate, de piñón blanco, marquesitas, nevaditos, hojaldrinas de Estepa, erizos de chocolate y nata, pequeños brazos de gitano, tortas de turrón, orejitas de haba, pestiños, buñuelos de nata, gachas, polvorones de Luque, frutas escarchadas, bolitas de coco, dulce de leche, tartas de nueces, de queso con frambuesa, de luisa, de chocolate blanco…Y la piña con Marie Brizard…

Ilustración: Carlos Gershenson. Méjico

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