I

Quisiera conjugar el futuro desde el pasado,

como hacen las películas felices de los felices 20.

Avizorar que el the end será delicioso y la perdices picotearán en torno a la damisela.

Puro sueño despierta.

II

Cada día. Lucho contra la multitud de garras sudorosas e historias sagradas

que me acechan en la Línea 4, la que va de los chalés ricos al barrio de pequeñas tiendas

que lamen el símbolo $ con aullidos de lobo, pura pena. Pura crisis, puro habano.

III

Once upon a time…

Un día levanté la sábana y vi que tenía ese par de piernas, largas, deseantes, bastante suaves.

Como las de tantas otras.

Tanto dolor de cervicales me iguala a la chica morena que sólo es feliz si oye treinta veces el Viva la vida de Coldplay.

Tanto dolor de alma también se esconde bajo el hiyab de Salma, que explica que “ternura” es su palabra favorita del mundo.

Ternesse.

Tantas mujeres en mí, tantos sarmientos de las manos mías creciendo en los pechos de otras.

IV

Yo me agarro a ti, a la esperanza que me dan los últimos caracoles de tu pelo.

Io despeño mi presente por altares no tan sagrados – mi cuerpo blanco-, filias por dulces de leche y fobias por grajos, miedosos ellos, siempre volando bajo.

Hay que alzar siempre la cabeza, decía un graffitti romano escondido en Pompeya.

Ay de los que no le hicieron caso.

V

Tú me dices: Levántate y anda.

Y entonces, camino hacia delante y compro los primeros cruasáns del día y cargo en la espalda con tres cafés irlandeses, puro whisky.

De repente, como por sortilegio, las botas nuevas parecen aún más brillantes y deseo quitármelas en tu dormitorio, a tu lado de la cama, justo en el punto perfecto de calor.

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