Para Garrido e Hidalgo

Soy una habitante de la noche,
ortodoxa del frío de Año Nuevo. Lo sabes.
Mis piernas buscan el periódico, tripas aventadas por la nieve de Pakistán,
los dedos teclean en el parvulario de una máquina de procrear versos,
el agua con limón se ha convertido en mensaje avergonzado.
(ella, tan de copa de Leonardo vive en taza decorada con pingüinos).

Es la noche.
De noche vengo, me visto de ella.
El camisón con querubines me droga, me corre las cortinas.
Prohibido ser asaltada…Cuando lo que deseo es que tú entres en el Palacio del Duque
y me palpites la materia gris, sublimando tanto accidente.
Casi toco tu mano morena, venosa, arrugada…
pero el camisón me puso guantes BCBG (bon chic, bon gere: caros, chics, de buena calidad)…

Ahora, cada madrugá, narro pasiones debajo de un flexo verde estilo Sorbonne.
Ajada, temerosa, la pasión me dirige.
Me imagino ser la esclava turca de Pierre Loti, porque esto es un harén.
No me salves,
vísteme de vaqueros y camiseta, arráncame los dolores,
los dolores
lo punzante
lo escabroso
lo turbador
y méteme en la boca de riego de la aleta izquierda de tu nariz…

Meto los pies bajo el nórdico.
Respaldar del lustro pasado, dolce,
quiero abrir los ojos
y ver un billete del AVE donde ponga tu nombre y esa palabra adorable: Sólo ida

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