Las recuerdo asollamaradas,
manchas de vida salpicando su mapa
(una por cada vómito del destino, por cada tormenta de hiel del hígado de la existencia).
Y sin embargo,
dibujaban sus complicados atauriques…
Con gestos redondos,
con toques de venas restallantes de azul Nivea,
con dedos nudosos, elegantísimos…
Dos arabescos descansando sobre sus pechos,
enseñando las décadas de malasangre…
Las imágenes de sus vidas, entre el pulgar y el anillo de casada:
arrancando malas hierbas,
trillando en las eras,
aventando la mies,
cocinando la zalona para las doce bocas,
(las doce tribus del hambre. De postre, café de pura cebada).

Hechizo de los diez dedos al aire,
jugando a los caracoles de la fanega, llenos de cilantro y menta.
Hechizo de palmas sin azar, sin baraka definida,
que acariciaban los cuellos
al compás de sus voces
(mudas, susurrantes, poleo para dormir…)
Qué gusto señalar cada arruga,
(un hijo malogrado, un hermano allende el charco, esos maridos de eternos silencios)
y darles la bienvenida a la vida sin carencias.
Su sangre, navegante espesa y lenta, es la mía…
(Las herencias viven ahora en los leucocitos,
los amores callados se atoran en las verjas del plasma nuevo).

Manos al Tiempo sin guantes de cabritilla,
ni laca Astor, ni cahmeres, ni lana dulce de viejas…
Uñas de mujeres con olor a Lagarto, a atún de la perra gorda, a tueras como purgantes…
Yo las recuerdo morenas.
O puede que sólo tuvieran
el color de aquellas campos donde el trabajo las hizo duras…
A golpe de vara seca.

Fotografía: Pakistan girls show painted henna hands. Sineid al Fitr muslim festival. (c)Khalid Tanveer

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