Para el maestro sabio.
Para el dramaturgo.
Deliciosos.

I. Tour de force

Las nubes no caen del cielo,
siguen cosidas a él y me bendicen con la calma.
Cumplen su función de serenata:
parir aguaceros de mayo, alimentar el sueño de vivir llovida.
Por casco,
una sombrilla china,
un boina bretona,
el borsalino,
jattas,
hijabs,
birretes.
Desterrada cualquier cubierta verde guerrilla, que cubra, groseramente,
unas ideas que, después de un milenio, se deslizan con abandono.

No hay más exigencia por parte de la posible tormenta. Sólo ser escuchada.
La contemplo volar rápido hacia el Cantábrico, aliada de la inercia:
celajes, que recorren kilómetros, igual que mi mente cada noche de estos días.
No es poca cosa la mujer que vive soñando.
Hazañas oníricas bajo cúpula gris plomo de Madrid.
(bendecida).

II. Coup d´ amour

La madeja se retuerce, como si la Iglesia siguiera condenando a Galilei.
La Tierra es mi centro.
Diáspora para el sol.

Me asombra, de pronto, todo lo que ya había visto antes:
flechazo con lo parido hace millones de años.
Escarbo con las uñas los terrones fértiles del bujeo y los devoro. Sabor a mí.
Pasé tantas veces por este camino de Cabra, sin aquietarme.
Pero nunca reparé en el ángulo perfecto de los allozos,
el vuelo con desasosiego de la perdiz,que huye,
la embestida del arroyo encenagado,
la visita de las espuelas de caballero.

Hay lagartos de siglos escondidos bajo las piedras,
dispuestos a ser mordidos.
La encina hace su testamento.
Las gavillas esperan la hora del hombre,
la paja de granza rellenará un colchón para el cansancio.

Ahora, todo vuelve a su ser: la greda vuelvo a ser yo.
Tierra, Axis Mundi.
Mi boca la engulle y la mastica como el bocado más delicioso.
Y se vuelve arcilla moldeable.
(Servido con displicencia en Maxim´s).

III. Ne me quitte pas, Willendorf

Los pechos, enormes, me incitan a descansar la cabeza entre ellos.
O a besar la tripa, donde vivieron sus siete hijos.
Llenar de granadas su ombligo.
Tocar esas caderas (¿deformadas?) y, sin embargo, absolutas.
Retozar en unos labios mayores, zaguanes del lugar más cálido.
Piernas donde luchar contra sirocos,
navegando desde los pies hasta el puerto de 22.000 años.

Qué sabrá él del ser femenina. A buen seguro, preferiría guardar el busto de Nefertiti.
(Tan tercamente perfecta).
Guardia de seguridad vienés custodiando el cuerpo más plumífero.
(Demostración matemática de que todas las formas del Universo son circulares).

La foto de una mujer, que mojaba sus pies en el Danubio,
fue arrancada de un catálogo.
Vive y duerme en la esquina de cada uno de mis espejos.
Amo a esta mujer viejísima.
(Antes que a las madonnas de Sanzio, las Botticelli, la Mileto, la Lespugue, la Cnido).
Me miro en ella. Y ella me dice lo que será mi cuerpo.
Cada mañana hacemos el amor. Amor, que me hago a mí misma.

IV. Coup d´Etat

Pobre mujer, destronada por un tirano.
Cosificada en un harén, encerrada en la cámara mortuoria del amante.
Velada, los ojos por rejas,
su clítoris arrancado, cuando debería ser la piedra filosofal.
Cortesana expulsada. Su cuello rodando con los ojos llenos de erotismo.
Cenizas al aire de la que oía las voces urgentes de los santos, doncella de la patria.
Campanas tañendo por la muerte prematura de la diosa florentina, amada de El Magnífico.
Manicomio o morada última para la escultora.
Dedos sangrantes de negra escritora para el Nobel marido.
Cintura de 50 cm, anorexia, reina de la Emperatriz.
Peluca destronada, tres hachazos no bastaron para aniquilar a la orgullosa escocesa.

¡Muerte a todas ellas!
¡Golpe de Estado contra la víctima infinita, la nuca quebradiza!
¡Que se llene el pañuelo de barro, las puntillas de lodo antes que de las lágrimas consabidas!
¡Levantad los miriñaques, devolved los tacones, destrozad a Chopin o a la canción de lavar la ropa!
¡Ataúd, pronto, ya, contra las deidades de la Historia, privadas del gozo, modelos sufrientes!
¡Nichos, no panteones, para tanta queja, tanta llamada a la soga, el cianuro, la Glock, la cuchillita de la guillotina, la vuelta de tuerca del garrote vil!

Yo, la poeta,
con domicilio en Nyhavn, 17- 1 A. 1051. Kobenhavn K. (Danmark),
en posesión de todas mis facultades vitales,
suscribe, de ahora en adelante:
todo el gozo existente,
todo el placer,
toda necesidad de beber la vida.
Asimismo,
tomará el vino blanco con avidez,
se alimentará de tiernos maimones,
subrayará de los libros sólo las palabras bellas,
preparará el café leyendo manuscritos amarillos,
se atará a la bohemia de la poesía,
adorará las plantas y sus esquejes,
regará sus pies para no olvidar,
amará los gatos que la visiten en cualquier trozo de país,
viajará adonde no hablen su lengua,
se extasiará ante las costumbres que no comprenda.
Renegará de las mujeres de caras tristes, que aparecieron en sus libros de Historia.
Insultará a aquéllas que renieguen del placer o el hedonismo.

Firmado por C.G. a 9 de mayo de 2010.

V. Tête-a tête

La luz
-Yo soy la otra.
No me lo desmientas.
La descreía, la descuidada, la desornada, la destronada.
También la que baila cuando nadie observa y pisa el parqué sucio.
La que busca el cabello desprendido en la almohada y se lo vuelve a poner,
la que alisa las piedras blancas y las convierte en sus uñas.

La oscuridad
-Pero también existo.
No olvides que…

La luz
-¡No olvido!
Estás dentro, seca, pasa de Corinto, relleno del pavo de Navidad.
Formas parte del álbum familiar, ya lo hojearán los nietos.
Te recuerdo que el rojo bermellón borra el negro. Con una pincelada, te irías al otro mundo.
Pero te requiero aquí, como esos fetos que se hacen hueso dentro de las mujeres.
Cada vez que intento asesinarte, vuelves triunfante por el ascensor.
Por eso, prefiero darte el cuarto de los huéspedes.
Pero no toques mi cepillo de dientes o los restos del marfil te morderán la yugular.
No roces el piano, las teclas negras no son sino bandoleros de navaja fácil.
Anda despacio por las mañanas o los azulejos se quebrarán para herirte los pies.
No me pidas trabajo de oficinista o te ahogarás con la bolsa de La Casa del Libro, 100% biodegradable.
Habla bajo, o en el gramófono sonarán cien veces los poemas de Darío.
No susurres en mis sueños, o mi amante, el urca siberiano, se convertirá en uno de aquellos mercenarios chechenos.

La oscuridad
-Eres cruel, mujer. Si supieras lo que me ha costado hacerte.

La luz
-Toda una vida, como la estúpida canción.
Por eso en mi fachada cuelga el cartel de “En proceso de restauración”.
Soy lo suficientemente vieja como para haber sufrido tu mal de piedra.
Y lo suficientemente joven como para que el azul Pompeya llene de nuevo las cúpulas de este teatro.

La oscuridad
-Yo impediré…

La luz
-¡Tú no impedirás nada!
Tu sitio está en el paraíso. Frase explícita o implícita.
Allí te conducirá el acomodador.
No intentes derramar nada en la platea.
Por fin, está colgado el cartel de “No hay billetes”.

VI. Comme il fault

No te empecé a amar de esa forma aprendida,
por etapas, por momentos, por incursiones en la piel.

El público
Velas, timideces, mordazas, restos de antiguos amoríos, humanos como bargueños, cotidianidad de lavabo.
Primeras citas, batallas épicas, seriedad de dama.
Top secret el DNI, comparaciones de Zodiacos, regalo de la estúpida rosa roja, compadreo en la farra.

Actor y actriz principales
Nosotros nos bailamos aquella canción de Navajita Plateá,
enredamos a la cama y a Beckett,
a Dinamarca
y un dibujo sevillano de una mujer árabe.
Hubo explicaciones sobre las piedras calientes de los mongoles,
piropos acerca de los ojos,
copla cantada la segunda noche.
Nada de rosales,
siempre arbustos de margaritas.
Todos los ancestros se fueron presentando con ese cuidado de los antiguos. Tú les estrechaste la mano y a ellas las cortejaste.
Por eso, van prendidas en tus camisetas Sfera.
Comíamos en unas botas de tacón altísimo, 12 cm para explorar cada rizo.
Los camaradas nos visitaban para abanicarles.
Yo introducía los fraseos de mis mujeres,
tú los sonidos de espaguetis y Costa Brava.
Reír era la única consigna.
Dormir bajo la impúdica Tamara de Lempicka.
Dispusimos las cartas marcadas sobre la mesa robada y nos las intercambiamos,
para crear escenografías para el otro, dignas del Teatro Real.
Así se empieza a amar. De esta forma debida.

El público
(Aplausos y bises)

Fotografía: Odalisca con magnolia. Henri Matisse.

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