Migrant Mother: a legend of the strengh of american motherhood
(Epitafio de Florence Owens Thompson)

Deshilacharse a tiempo completo
e ir dejando dentro de cada uno metros enteros de algodón egipcio
centímetros de queroseno.
Cada noche, el paño de lampazo en las paredes de la habitación:
guisantes por recoger,
huyendo de los eriales,
el fango,
las estrías en las caderas,
los pechos supurando sangre, que luego beberían Emily o Frank, ahítos.
Leche trashumante,
nacida del rancho agrio, del forraje y los gritos del capataz.

Jehová replica a los migrantes con las siete plagas,
no hay sangre que poner en la puerta para proteger a los primogénitos.
No hay sangre porque no hay corderos,
sólo las ratas siguen moviendo su escarcha bajo tu falda,
deseando, también, las grietas de tus pezones.
Tienes ojos que miran y no ven,
el iris contempla la línea recta de tumbas blancas aparcadas por la Historia,
camino al dorado de California, sed de mal.

Oklahoma murió ardiendo, transformada en bosta,
las pestañas siguen apuntando al viento del oeste,
no saben de martes negro
ni gente suicidándose en Gotham,
el peculio con la carita de Washington:
civiles, derechos, para el white handsome rich man,
no hay cítaras que canten a las madres de siete hijos.

Estudiantes de la UCLA escrutarán tus arrugas y admirarán la perfección del gesto.
Fotografía prometida que nunca llegó,
diezmo pagado a Míster Roosevelt,
el útero, diezmo a la carroña vital, asalvajado y fiero,
después de tanto abrirse, de tanto hijo ayunando en sus entrañas.
Sólo pensabas en los parpadeos de Dios cuando se abrió la cámara.
“Déjeme al menos la fatiga del alma
y llévese el rostro.
Tengo el espíritu abollado, la peste se ha asentado en él.
Eso no queda apropiado en la portada de Newsweek“.

Serviste a la patria, diosa, comprada tu piel en una subasta.
Cincuenta estrellas siguen extrayendo leche de tus senos,
saturnianos, devorándolos,
mientras buscas la mirada de tus niños rubios
y no descansas pensando con qué,
con qué los alimentarás en la eternidad que viene.

Fotografía: Copyrihght, herederos de Dorothea Lange

Anuncios