Retrato en antiguo e imperial azul indio de una duquesa de Cornualles,
arrebujada en un mantón de Manila, palmeando y moviendo un tacón al ritmo de bulerías. ¡Wercome, mi arma!, grita una sevillana al paso galesco por debajo de la Giralda. Muestra televisiva de la gracia de esta Andalucía en la que nadie sabe idiomas ni hemos oído de la Commowealth o de Balmoral. Si acaso, alguna palabrita para camelar a golpe de romero a la puerta de la Mezquita o de la Catedral de Granada. Un escaso What do you want o Dance flamenco, en cursillos rápidos en el IH de la esquina; speaking English para el verano, cuando alemanes e ingleses rebajan el paro andaluz a base de pescaíto frito y tapitas de chipirones a la vera del Guadalquivir. El wercome, mi arma, qué gracia, qué burla fácil de los del sur, marionetitas a placer de Gobiernos y de Juntas, habitantes somos del placer y la jarana, el cirio y el fanatismo, el toro y la feria. La mejor gastronomía del mundo, rebozadita con PER y ERES y corruptelas y Pantojas, de salazón la folklórica y la duquesa, aperitivos mezclados de obreros y señoritos. Qué más da el XIX que el XXI, todo es igual, nada es mejor, los ignorantes nos han igualado, con permiso de Discépolo. La misma tierra que pisa Caballero Bonald es honrada con la presencia del royal flower print del vestidito de la antigua Mrs.Parker-Bowles y toda Andalucía debería reverenciar el buen gusto que tienen la testas reales por visitar esta tierra, his Royal Highness y señora, ecologistas, vegetarianos y filántropos, figurantes en la boda del siglo de este abril y los más granados amantes desde Abelardo y Eloísa.
Quizá en vez del Hércules del escudo sosteniendo las columnas, los andaluces deberíamos agradecer tal promoción sustituyendo al héroe clásico por un triunvirato: Carlos, Camilla y Michelle, diosa de ébano que también “hizo las andalucías” allá en agosto, dignándose a comprar un helado en la Gran Vía de Granada. Y otra vez un famoso You…here…Granada…Mojama, salido de una gitana antológica del Albaicín, la Porrona. “Un inglés muy de Granada”, decía un periódico andaluz y el arte de los Maya y sus versos por Lorca callaron ensombrecidos en las crónicas por el tremendo acontecimiento que suponía el “Olé” en la boca de Madame Obama. Y aquí paz y después, jarana. Que cantaba Carlos Cano: “Ahora son las sevillanas con sus falsas alegrías las que vende Andalucía de Nueva York a París”. ¿Ahora? Y siempre. Hasta que no dejen de trasvestirnos de figurantes y criadas, palmeros y maletillas del arte de Cúchares.

Fotografía: La gitana como un idolillo de la Polinesia. Exposición de Matisse en la Alhambra. Granada.

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