Ayer volví a caminar por esa calle,
donde la gente cree que el orbe es una perla cultivada.
Asombrosamente perfecta/
Ayer, habían pasado doce hojas del almanaque y tú no estabas/
Pero miré mi mano,
descubrí la imperfección que me legaste
(la de los dedos transformados en trampolín)
y sentí que también andabas en esa avenida/
donde las mujeres no huelen a cuero sino
al Chanel muerto en el cuerpo de Norma Jean/
Tus ojos me miraron, a 350 kilómetros, y sonrieron/
La carcajada silenció los ruidos infames de los Jaguars/
y los felinos de sus capós ronronearon…/
Ellos, excesivamente salvajes,
también prefieren nuestras obtusas, irregulares y fraccidas perlas barrocas.

Fotografía: The Graceful Hands of Tilly Losch (E. O. Hoppè, 1928)

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