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La revista Prisma es una publicación propiedad de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. Se publica acompañada de la revista Proa y de un facsímil de la Proa borgeana original.

Dirigida por María Kodama y subdirigida por la poeta Claudia M. Capel reúne en su número 20 versos de Karmelo C. Iribarren, Elisa María Salzmann, Neus Aguado, Silvia Castro Menéndez y Norberto de la Torre. En ella, aparecen cuatro poemas propios, dos de ellos muy significativos para mí.

 

Detalle de "Qué mujer difícil, libertad"

Detalle de “Qué mujer difícil, libertad”

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El primero, Qué mujer difícil, libertad, forma parte de mi último poemario, Garum, Premio Nacional de Poesía “Fundación Cultural Miguel Hernández”. Por ser casi una radiografía de lo que aspiré en un determinado momento vital, lo incluí en esta antología.

El segundo, Un petit soldat (enneigé), está dedicado a alguien a quien nunca conocí pero que se ha convertido en un recuerdo vital a pesar de la diferencia generacional que nos separa. Me encontré con V. demasiado tarde -la vida interrumpió una posible charla- pero su forma de ser, sus decisiones, su arrolladora personalidad, que me llegó a través de testimonios de personas muy queridas y a través del libro que su padre escribió sobre él, le convirtieron en alguien mítico, en una inspiración a la hora de narrar qué es el dolor y a que sabe. Lo dejo aquí, como un homenaje a él.

Detalle de "Litanie"

Detalle de “Litanie”

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Detalle de “Apocalypse”, basado en un proverbio africano.

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Detalle de “Litanie”, basado en un verso de la poeta sudafricana Antjie Krog

Los otros dos poemas, Apocalypse y Litanie, nacieron en las tardes invernales de los miércoles del otoño de 2013, fruto de las lecturas sobre poetas africanos contemporáneos.

UN PETIT SOLDAT (ENNEIGÉ)

Pour V.

No puede ser casualidad este frío que atrapa los cristales y los precipita a la acera, pretendiendo ser restos de Guernica nevados.
Dicen que Paname Paname es melliza de Siberia en enero.
Yo te sospecho aterido a -9 grados, rodeado de brezos, los que el jardinero del cementerio olvidó adecentar.
Así es mejor,
un cuadro casi ruinoso,
sólo la luna llena otorga cierta alegría al Père-Lachaise, cuando entra, silenciosa,
por la Rue de la Roquette.

Esta ventisca que retuerce los cuellos, me recuerda a ti. A ti, muchachito que nunca conocí.
No quisiera entrevistas con
il Da Vinci
il Buonarrotti
il Medicis
il Caravaggio
il Palladio
il Brunelleschi,
erotomaníacos de su imagen devuelta en el espejo.

Hoy, 9 de enero, te requiero una conversación o unas risas encabalgadas de jazz viejo, apretujados entre mantas de mohair en el Café de la Paix o en uno de Ópera,
como dos bocartes arrastrados por las corrientes de este mar asfaltado de verdeles argénteos y fantasmas arracimados en torno a sus fallas.
El aguanieve me vuelve parisina. Tu sangre, ay de ese Rh derramado, te vuelve gato.

Adéntrate en mi materia gris,
quiero recordarte, bambino, que amo tu filosofía vital: hay más cosas aparte del amor, decías.
Nuestros cuerpos piden guerra.
A falta de batallas, hay que unirse a la contracorriente,
abandonar la infertilidad de las cañerías que desaguan y enloquecen a otros,
burgueses de los cafés, visones que comen rímel de ojos Caudalie.
Y a los amores. Hay que enloquecer a los amores.

No te crucificaste por nadie, te inmolaste por ti…
¿Y si no hubieras dado el salto, mon cher?
¿Y si hubieses partido hacia Marsella un enero para llegar a la vida soñada en vez de precipitarte al mármol imbécil de la eternidad?
¿Y si hubieras seguido recordando la belleza del Palazzo Ducale borrando que un día fue prisión?
Principe di canali, te me acercas con tu levita negra de Saint Laurent y un clavel rojo tras la oreja.
Sonríes, deliciosamente rubio y joven,
voluptuoso, a pesar de tu anatomía delgada y de tu carita pálida.

No es casualidad que me envíes ríos helados a modo de abrazos,
que desees la insonoridad de la melancolía antes que el ruido de los patios de vecinos.
Te abrigo con visón,
soldadito de plomo,
bardo de Napoleón,
aquí tenés mecheros para que arrases todo a tu paso y vociferen, a pulmón lleno:
¡Por aquí pasó el veneciano!
Orden policial contra tus aires moscovitas
y ese cuerpo escondido en el laberinto de Carcassonne.

Y, sin embargo, unas olas del mar inmóviles son el techo de tu perenne horizontalidad.
Te acompaño a Lutetia,
y recubro esa tumba con un edredón nórdico, dulce, con avefrías…
Para que se acurruquen sobre ti.

Aquí está, mi pertinente postal de un gato para que escribas con tu letra farragosa el diario del muerto más bello, otro año más,
mi tremendo, tremendo, exquisito rebelle.

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